For Womens, The Chips Are Down – Teletrabajo en 1984

Esperamos que el siguiente artículo de 1984 (el año, no el libro) que hemos traducido libremente al castellano le guste y le inspire.
Por favor lea sosegadamente, con tranquilidad y en calma consigo mismo.
Si necesita un té verde o agua fresquita puede ir a preparlo sin prisa alguna. No nos vamos, seguiremos aquí cuando regrese para que cuando finalice la lectura nos deje si gusta sus conclusiones en los comentarios.

 

Mujeres realizando el mismo trabajo doméstico de siempre.

La cabaña electrónica necesitará más mantenimiento

Habrán estándares más altos para algunas de las tareas tradicionales (planificación de la dieta familiar, presupuesto, …), nuevo trabajo en el cuidado/mantenimiento de las nuevas tecnologías y más trabajo de autoservicio (self-service).

Tendremos más trabajo de «cuidados» a medida que surjan problemas de seguridad: Los peligros químicos y eléctricos en el hogar se ven agravados cuando se meten más dispositivos y con el tiempo que las diferentes personas de la familia pasan en el hogar utilizándolos.

 

Dado que la mayoría de los historiadores del trabajo doméstico (house-work historians) están de acuerdo en que «el aumento del tamaño de la familia tiene el mayor impacto en el aumento del trabajo doméstico», el aumento del uso del hogar por parte de todos los miembros de la familia para actividades educativas, recreativas y laborales (en la computadora de casa, por ejemplo ) probablemente tendrá el mismo efecto en las tareas domésticas que tener una familia más grande.

 

Por tanto la «cabaña electrónica» necesitará mucho más mantenimiento que el «nido vacío».

 

 

¿Mejor trabajo en vez de Menos trabajo?

Dada esa escalada limitada de la producción en las tareas domésticas, es absurdo sugerir que se ganará en eficiencia con electrodomésticos (domestic appliances) equipados con microprocesadores (recordemos la escena de la lavadora en la película «El norte» de 1983 [1]).

La historia del trabajo doméstico se repite: NO se usarán las nuevas tecnologías para hacer menos trabajo y si para hacerlo mejor.

Un ejemplo puede verse en el anuncio de SANYO que dice así:

 

» Con un SANYO ella puede cocinar «hasta que las vacas vuelvan a casa» (until the cows come home[2]), sin que importe el resto de la familia.
Preparar tres o cuatro comidas diferentes por noche es simplemente un placer con SANYO. Cada uno puede comer lo que quiera, cuando quiera, … con perfectos resultados cada vez.»

 

O se puede tomar como ejemplo el caso del último grito en Japón: «El microondas/horno que habla».

Esta descarada e inútil innovación perpetúa las viejas estructuras sexistas. Habla dando instrucciones con voz masculina.

Un ejecutivo de la empresa lo explica así:

 

«Los hornos eléctricos Matsushita tienen voces masculinas … porque a las mujeres les molesta que otras mujeres le digan lo que tienen que hacer».

 

Claro claro.

 

 

¿Teletrabajo exclusivamente para las mujeres?

O podemos considerar está última fantasía: «El robot de las tareas domésticas».

Una fantasía en la que los analistas de la industria han enfatizado que NO será una innovación rentable en un futuro próximo,  por lo que podemos dejar de lado esa gran esperanza, ya que los prototipos que se han construido son ominosos (abominables es quizás la palabra más adecuada).

Una de esas máquinas, descrita por The Guardian en 1978, viene complementada «con una falda» y está «fabricada pequeña para no ser intimidante».

Estoy sugiriendo que las nuevas tecnologías ahora NO ofrecen ningún progreso para las mujeres en la reducción del trabajo doméstico, pero lo harán.

 

Son cimiento de los estereotipos sexistas sobre las mujeres y quizás agudizan las diferencias de clase en los modos de trabajo doméstico.

Pero … pasemos a «la solución final»: El escenario de «Cabaña electrónica» (trabajo remunerado a través de terminal de computadora en el hogar) o «teletravail», como lo llaman los franceses.

Y aquí está la idea:

Los empleadores alquilarán terminales de computadoras a las trabajadoras para que los utilicen en sus hogares, para que puedan ahorrar en costos de transporte, cuidado de niños, ropa y puedan hacer malabarismos en el trabajo doméstico con el cuidado de niños y el trabajo remunerado.

Como se trata de un trabajo informático, se puede pagar por «piezas»,  horas que se está conectado, por «cuentas procesadas», etc.

 

Los ideólogos del escenario de la cabaña electrónica (Toffler, por ejemplo) se refieren al escenario como neutral en cuanto al sexo, pero todos los países que han experimentado con «teletravail» lo han hecho con trabajadoras principalmente o exclusivamente.

 

De vuelta al núcleo familiar

Una buena cosa sobre los «pink collar jobs» (los trabajos de collar rosa, de mujeres. [3])  es que pasas tu tiempo alrededor de otras personas, otras mujeres trabajadoras.

Pero el escenario de la cabaña electrónica tiene como objetivo plantar a las mujeres de vuelta en el aislamiento del núcleo familiar.

 

No es de extrañar que sea parte de la agenda de la Nueva Derecha en Estados Unidos. Me refiero a la Ley de Oportunidades Familiares del republicano Gingrich de Georgia . Que otorga créditos fiscales a las familias que compran ordenadores domésticos (home computers) ya que según dicen «eso fortalecerá los vecindarios y permitirá a las madres con niños en edad preescolar tener una vida mientras están en casa».

Según Mattera, la mayoría moral elogia «el trabajo en el domicilio» como una forma en el que las mujeres pueden ganar algo de dinero sin descuidar a sus familias.

 

Estar en el proceso de diseño de la tecnología es lo importante

¿Cuánto dinero? Mattera habla de $100 (dólares) por una semana laboral de cincuenta horas, sin beneficios adicionales.

Aquí surge el verdadero significado del escenario de «la cabaña electrónica»: Al eliminar la necesidad de un lugar de trabajo compartido, las empresas pueden dispersar a la fuerza laboral para fortalecer el control sobre ella.

Solas en sus hogares, ignorantes de la existencia de los demás, las trabajadores apenas pueden comparar las tasas salariales o crear solidaridad entre ellas.
Lejos de representar «el progreso», la nueva tecnología reconstruye el sexismo y refina el dominio de clase de una manera completamente consistente con su desempeño durante el último siglo de control capitalista.
Las mujeres tienen que tener en cuenta estas constantes históricas. Para las mujeres, el cambio tecnológico siempre se ha vendido como un medio de abrir nuestra entrada a los campos donde se nos habían excluido, debido a «discapacidades físicas».
El linotipo [4] nos traería la igualdad como se supone que debe hacer el procesador de textos.
La tecnología de las tareas domésticas siempre nos ha sido vendida como una forma de reducir las tareas domésticas: las lavadoras y las aspiradoras se promovieron como ahorradores de mano de obra, al igual que los procesadores de alimentos y los hornos de microondas, pero el tiempo dedicado a las tareas domésticas nunca disminuyó.

Ahora una medida de nuestra desesperación es que estamos dispuestas, listas  para creernos cada nueva proclamación de progreso y … siempre nos decepcionaremos si olvidamos quién diseñó nuestra nueva tecnología y qué fines tenían en mente.

¿QUE DEBERÍAMOS HACER?


El primer paso es esencial y complicado, pero puede expresarse simplemente con estas palabras:
The Chips are Down


For Women, The Chips Are Down – B. berch – Agosto de 1984

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2 Comentarios

  1. Que joya de artículo.

    Es toda una crítica desde la economía feminista al teletrabajo ¡En 1984!. Me parece alucinante que sin ni siquiera haber ordenadores personales en las casas ya la escritora pudiera imaginarse todos los inconvenientes del teletrabajo que no hemos sido conscientes hasta 2020.

    Gracias por pegaros el curro de buscarlo y traducirlo.

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